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jueves, 25 de agosto de 2016

Santiago Loza: "Escribir es una conquista"



El dramaturgo y cineasta nos visitó en uno de nuestros encuentros en el Taller de Periodismo de ELBA. Compartió una charla sobre su pasión por la escritura, sus pudores a la hora de hacerlo y personajes comunes que tienen cosas extraordinarias para decir.


Por Pamela Almirón

  Durante un encuentro en el espacio del Taller de Periodismo de ELBA, en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, él se muestra tal como es. A pesar de ser un reconocido dramaturgo, Santiago Loza no está subido a ningún poni. Habla rápido en medio de una tormenta de ideas, que lejos de confundir deja frases para encuadrar continuamente. Por momentos se lo ve algo nervioso, pero luego, progresivamente, se va desenvolviendo.


 El dramaturgo empezó a armar lo laboral muy a duras penas: "Trabajé siempre, pero de otras cosas. Últimamente vivo más de la escritura". Egresó de la carrera de guión en la ENERC. Trabajó como docente en escuelas de cine. Luego, se dedicó al guión para cine y TV. Dirigió y escribió la miniserie Doce casas; películas como Extraño y Rosa Patria, entre otras; y obras como Todo verde y la actual Esplendor. También publicó un libro llamado Textos reunidos, que incluye casi todas sus obras más importantes.

  "Siempre de alguna manera necesité la ficción para poner algo de mi persona. Por situación de mucha timidez, fobia social o lo que sea. De alguna manera, es hablar como disfrazado", se presenta el cordobés. "El maestro Mauricio Kartun dice que el que escribe ficción o dramaturgia siempre es un travesti literario", cita.

-Tu voz está intermediada por el personaje ¿no?
-Necesité escribir, armar personajes, y eso me permitió ser más yo. En la vida cotidiana me pierdo. No sé si les pasa a todos. No entiendo bien lo que pasa, lo que me pasa, lo que viene. Y al escribir algo de eso se empieza ordenar. La escritura te da un orden que no tiene lo cotidiano, le otorga un sentido a la vida que a veces no lo encontras tan fácil. Y al armar un personaje que no sos vos, te corre de tu lógica, de tu forma de pensar, de tus trampas.

-¿Te descubrís a vos mismo en el proceso de escritura?
-Cuando trabajo en un proyecto me trae cierto mundo, ingreso y me lo apropio. Pero siempre necesito pensar quién es el personaje, observando en la calle, en lo cotidiano o en el recuerdo. El personaje adquiere una lógica autónoma a la de uno. El descubrimiento es que él empieza a hablar. Cuando ingresás en esa lógica te descubrís. El personaje hace algo que uno no haría el ámbito social, porque está totalmente vedado, prohibido o no se puede. El personaje logra hacer un avance sobre ciertas situaciones ficcionales. De alguna manera la ficción se nutre de actos que están prohibidos.

-¿Te sorprendés cuando escribís?
-Cuando escribís siempre hay algo que te sorprende. Porque si supiera lo que voy a escribir no lo escribo. Vas descubriendo. Es como entrar a una casa que está un poco oscura y vas prendiendo luces e iluminando. No sabés lo que hay. Y siempre sabés que va a haber un cuarto de esa casa al que no vas a acceder, que va a estar cerrado. Para mí ésa es la condición: no todo lo vas a descubrir, por más que quieras no vas a poder. Porque hay una zona del personaje, y aún de nosotros mismos, que está vedada. Y esa zona hace que uno quiera saber más. 

-¿Qué te es más fácil? ¿Ponerte en el personaje de mujer o en el personaje de hombre? 

-El personaje femenino me interesa mucho más. Me parece que tiene una capacidad de exposición emocional que lo masculino no tiene. Tiene una relación, un vínculo con el dolor más animal, más visceral, más misterioso. Desde la cosa más básica de dar vida o menstruar. Viví en un circulo rodeado de hermanas. La mujer se permite expresar algo que el hombre no se permite. Pero, a la vez, mis personajes no son mujeres. El personaje es mucho más simple que la persona. No tiene psiquis. Es como una pulsión. A veces me preguntan "¿escribís para hombres o mujeres?" Escribo personajes. Y estos son ridículos en términos psicológicos. No tienen pasado ni futuro. Viven lo que vive el relato.

-¿Hay un trabajo con la seguridad de las propias emociones a la hora de encarar la escritura?

-Sí. Aunque esa seguridad sea una gran duda. Vengo de una familia numerosa y no había lugar para la escritura. Era raro sentarte a escribir. Parecía que estabas perdiendo el tiempo. Es una zona privada, algunas certezas vas desarrollando y el resto son todas dudas. Trabajo sobre un campo con una gran incertidumbre, que a la vez te hace avanzar. La escritura no tiene garantía. Cuando te sentás a escribir, no te garantiza que eso que vaya a funcionar, que vaya a estar bien, que guste. Nunca (risas).

-Tenés que estar confiado de tus sentimientos, de tu sensibilidad para escribir ¿no?

-Sí, me da pudor, porque soy alguien muy inseguro. Yo no confío mucho. Tengo muchos complejos, como todos. Primero, no está la mirada del otro cuando uno escribe. Uno no está juzgado. Yo me siento muy pleno escribiendo finalmente.

-Dentro de tu escritura el escenario es más bien pueblerino. Los personajes parecen muy comunes.
-Sí. Son muy reconocibles, muy accesibles. Personajes muy ordinarios a los que les sucede algo extraordinario y tienen la necesidad urgente de decir. Toda persona tiene una particularidad y un mundo. Nos han hecho creer que ciertos personajes son de determinada forma. Uno pelea con esa idea. En lo social nos aferramos a ideas comunes. Tratamos, porque para entendernos tenemos que hacer acuerdos comunes. Pero lo privado no es común. Si la gente ya hace cosas rarísimas, ¿cómo no lo van a hacer los personajes? La mente tiene algo salvaje, no está del todo domado. Yo creo que la escritura trabaja sobre esas zonas que no están exploradas. Es como un animal, un caballo un poco desbocado que la ficción va conduciendo.

-¿Cómo era tu relación con la escritura cuando eras chico?
-De nene y de adolescente era muy mal alumno, realmente muy malo. Y más o menos me gustaba leer y escribir. Lo que me sorprende con la escritura es que cuando armás un cuento, un relato, decís "¡ah, pude armar algo que tiene forma!" Es que uno ha sido tan desordenado que resulta muy raro, es fuerte. Es una conquista escribir.

-¿Todos los días escribís un poco?
-Sí, todos los días, un rato, media hora... Pero soy muy vueltero. Me cuesta mucho escribir, sentarme, concentrarme. Algunas veces me pasa que cuando trato de corregir no vuelvo a escuchar esa sintonía del personaje. Se me fue. Siento que a veces la reescritura le quita fuerza, pero eso depende de cada uno. He visto gente que con la reescritura encuentra realmente la obra y es impresionante.

-Por como avanzan ciertos textos da la sensación de que no sos de borrar.
-Me cuesta mucho. No es buen ejemplo, uno debería corregir. No corrijo tanto. Tengo que revisar para ver si no es incoherente y probablemente tenga que reformular. En Todo verde, por ejemplo, no sabía qué iba a suceder al final. No sabía a quién le hablaba ella. Reformulé algo del comienzo, porque una cosa es sorprender y otra cosa es jugar a ser tramposo. No me acuerdo quién decía que cuando uno ve el final tiene que ser impredecible, te tiene que sorprender y al mismo tiempo no podría haber ocurrido de otra manera. Eso debería pasar con los buenos finales. Sobre todo en el cuento, en el relato más breve.




NUEVOS PROYECTOS
 
  Entre sus nuevos proyectos, Loza se encuentra escribiendo guiones de dibujos animados. Se trata de dos perros que están en la Luna. Con características particulares: uno es gruñón y el otro vanidoso.   También hace poco termino de escribir una novela corta, titulada Historia del hombre que duerme a mi lado. La trama es sobre una madre que se instala en la casa de su hijo y va apropiándose del lugar. Loza había empezado a escribirla hace cinco años, desde la voz del hijo, pero no avanzaba con la historia. Entonces probó el año pasado escribiendo desde la voz de la madre, una doña mala, dinamita pura e insoportable. Consiguió hacer aparecer un humor que no había en el relato. A la vez, logró redescubrir el personaje del hijo, más cercano a la personalidad de Loza. 

TRAS LOS MUROS  
  En 2013 Santiago Loza y la escritora Selva Almada realizaron un taller de escritura en el pabellón de travestis y chicas trans, en el Complejo 1 de la cárcel de Ezeiza. Al taller asistía una población de paso. Algunas de ellas estuvieron durante todo el año.  
  La mayoría no había tenido mucho contacto con la escritura. Y el poco que tenía estaba ligado al hecho de dar testimonio de alguna situación policial. Se les enseñó que la escritura puede ser otro espacio que no sea ése.    Y junto con Almada, Loza empezó a trabajar con lo que más les interesaba, desde la experiencia personal, como pequeños recuerdos. Sobre todo lo relacionado con la formación de la identidad de ellas, cuándo empezaron a travestirse.   Y se logró hacer una presentación a fin de año de los trabajos realizados.

martes, 22 de marzo de 2016

Pequeñas y grandes historias del Senado de la Nación



A los 13 años, Rodolfo Sánchez Rubio no quería estudiar y comenzó a trabajar en el Senado. Hoy es director de Recintos de la Cámara. Durante días comunes vivió odiseas: por ejemplo, les dio la mano a los astronautas que llegaron a la luna y a su amado Juan Domingo Perón. También tuvo la oportunidad de conocer a Jorge Bergoglio antes de que se convirtiera en papa.

Por Ana Na

     En el Congreso de la Nación, ubicado en el km 0 de la Capital, exactamente en Avenida Rivadavia y Entre Ríos, trabaja mucha gente. Han pasado por allí diferentes referentes históricos, además de nuestros funcionarios actuales, tanto diputados como senadores.
     La curiosidad me llevó a averiguar quién podría ser la persona que me indique cómo eran los movimientos de ese lugar.
     Descubrí a Rodolfo Sánchez Rubio, que ni más ni menos es el director de Recintos de la Honorable Cámara de Senadores. Me comuniqué con él y acordamos una cita.
     Llegué al Congreso por la calle Hipólito Irigoyen, allí me identifique y entré a tan solemne edificio con un papel con mi identificación y mi foto.
     Allí me estaba esperando para llevarme a recorrer esos majestuosos salones donde se tratan nuestras leyes. El Salón Azul, la Sala de Convenciones, la vitrina que conserva el manto que cubrió a Eva Perón y su sala de entrevistas, el sillón donde se sentó el vicepresidente Cobos cuando dio su voto opositor a la ley de retenciones móviles. El despacho del actual vicepresidente y maravillosas salas de estar. Verdaderamente deslumbrante el Salón Rosa.
     Café de por medio comencé mi cuestionario lleno de intrigas para saber cuál fue la historia de la persona elegida.
     Comenzó a trabajar en el Congreso Nacional hace 50 años, el 27 de septiembre de 1965, cuando apenas tenía 13 años. Como todo niño no quería estudiar en la escuela secundaria. En ese entonces su padre era colaborador y tenía cierta jerarquía en jefatura del senador Sapag, quien ingresó en el año 1946 durante la vicepresidencia de Hortensio Quijano en el gobierno de Juan Domingo Perón. El padre decidió llevarlo a trabajar: así le impondría una obligación de madrugar y ganarse el dinero. Era un placer para él, ya que al Senado siempre lo sintió como su segundo hogar. Le ayudaba en sus tareas al senador.
     Recordó que cuando fue a la oficina de Personal no lo querían admitir por sus 13 años. Debía tener por lo menos 15.


     Un cierto día el Senador lo llamó y le dijo que si no estudiaba no podría seguir trabajando en sus funciones de administrativo; a pesar de que el acuerdo con su padre era el de trabajar y no estudiar. Por lo que decidió comenzar a estudiar. Le convenía mucho seguir allí ya que económicamente estaba muy bien, gozando de ciertos privilegios.
     El senador colaboró mucho para su estudio. Si lo necesitaba para hacer algún trámite y Sánchez Rubio estaba haciendo sus tareas escolares, no lo interrumpía y llamaba al ordenanza en su lugar. Le había tocado pasar épocas muy duras. Trabajar en el Senado era un poco insalubre: no nos olvidemos de que él entró en el ‘65 y en el ‘66 vino el golpe militar. Volvió la democracia en el ‘72 y, en el ‘76, otro golpe. Con cada golpe, todos estaban con el temor de recibir el telegrama de despido en cualquier momento. Es que, al llegar los militares, lo primero que hacían era echar al personal. Durante el primer golpe él era muy pequeño y siguió trabajando. En cambio, en el segundo, ya tenía una cierta antigüedad y venía con la experiencia anterior.
    Le pregunté si durante toda su carrera tuvo la posibilidad de conocer personas muy importantes:  “Tuve la oportunidad de darles la mano a Amstrong, Auldrirn y Collins, los astronautas que con el Apollo XII llegaron a la luna”, respondió. Y agregó: “Pude darle la mano al general Perón. Fui y soy militante peronista fanático. Me temblaban las piernas cuando me dio esa mano abrazadora mirándome a los ojos y sentí que se me movía el mundo. Sentí la misma sensación al tocarle el manto al papa Juan Pablo II.  Estuvo en el Mercado Central y estuve a 3 ó 4 metros de distancia, queriendo tocarlo. No llegaba y una brisa rozó el manto y la mano, y fue la misma sensación que tuve cuando le di la mano al general”.
     Mi intención fue la de saber cuál era específicamente la función como director de Sala. Fue en ese momento que me explicó: “Cuando hay sesión en el recinto tenemos que quedarnos permanentemente en la Sala para asistir a los Senadores y obviamente rotando entre otros compañeros”. En mi ingenuidad le consulté si les ofrecen agua o café. A lo que me respondió: “Los senadores cuentan con tablets donde tienen las órdenes del día, los proyectos de ley a tratar en la sesión y hacen sus pedidos directamente a la cocina para que les provean de los refrigerios que pidan”.
  El director de Sala es quien dirige si hay que sacar fotocopias o mantener la temperatura del aire acondicionado. No debemos olvidarnos que los senadores vienen de diferentes provincias por lo que para algunos hace frío, en cambio para otros hace calor... Sánchez Rubio debe mandar a la gente para solucionar esos inconvenientes. “Este último es uno de los grandes inconvenientes en la Sala, ¡la temperatura!", reveló. También si es necesario comunicarse con algún asesor en especial tienen que salir a la rotonda para ubicarlos.

El diácono



     Yo sabía que además de esa actividad en el Senado realizaba otra más espiritual. Sánchez Rubio fue nombrado diácono en la Diócesis de San Justo en 2008. Él me aclaró que “dentro de la Iglesia Católica existen los siete Sacramentos. Está el Sacramento del Orden Sagrado en tres grados distintos: obispos, presbíteros y diáconos. Dentro de los diáconos hay dos tipos: el transitorio, que es ordenado posteriormente presbítero, y los permanentes que son casados, que asisten como un sacerdote. Para ello hay que estudiar varios años de teología, liturgia y pastoral”. “Al ingresar a la escuela de diaconado eran 57 y solamente 14 terminamos después de cinco años. Y sólo tres fuimos ordenados”, contó.
     Para ser diácono se necesitan muchos requisitos, como estar acompañado por la familia y dedicación plena. “Diácono” en griego quiere decir servidor. Dentro de esta orden no sólo implica el servicio pastoral sino también la atención barrial, la humana. Lo más importante es ocuparse del hermano necesitado. Aclaró que "es lo mismo que ser ministro, que en latín también significa ser servidor".
     Una de las situaciones más importantes ha sido asistir en varias misas al entonces obispo Bergoglio. Además recordó que la última vez que lo vio, antes de que se convirtiera en papa, fue en la Basílica de San Francisco de Asís (Italia), cuando se habían cumplido los 25 años del Beso de la Paz que había dado el papa Juan Pablo II con los evangelistas, anglicanos y protestantes. Después de la celebración se tomó una foto con él, que estaba con un sobretodito gris y un portafolio. Días más tarde lo vio en una revista importante y conocida, en otra foto, recorriendo el Vaticano con la misma vestimenta y le llamó la atención verlo así. Le parecía increíble tener una foto con Bergoglio antes de haber sido elegido como papa por el Espíritu Santo, cuando nadie imaginaba que tendríamos un papa argentino.


     Esta actividad no le insume tanto tiempo ya que durante la semana cumple la función dentro del Senado. Los fines de semana se dedica a la actividad pastoral. En algunas oportunidades le dan como función ir al Cementerio de la Chacarita para hacer los responsos. En ocasiones ocurre que, como asiste a los responsos con la vestimenta de cura, alguien del Senado lo reconoce y le llama la atención, porque no muchos saben de su actividad como diácono.
     En su actividad pastoral en la Basílica de San Pantaleón de San Justo, donde fue asignado, se dedica a asistir en bautismos, casamientos, responsos y todo lo relacionado a la asistencia social y espiritual, de salud. También en su orden hay otros compañeros que se encargan de asistir a gente privada de su libertad. Cuando debe ir a bendición de casas asiste a aquellos detenidos domiciliarios con pulseras.
     “Ser diácono no me retribuye nada materialmente”, aclaró. Es más: invierte en gastos de movilidad y su único beneficio es el agradecimiento de la gente. Contó que le hicieron una nota en la revista El Parlamentario y muchos se enteraron de su actividad religiosa a través de esa publicación.

La época militar

    Rodolfo dijo no haber hecho curso de Ceremonial, que no es necesario, ya que la Cámara cuenta con ese servicio cuando asisten los presidentes y ellos mismos se encargan de acompañarlos al Recinto.
     La actividad no se limita a los días de sesiones, puesto que en el resto de los días los senadores solicitan hacer listas de asistencias y otros trámites, además de trabajos administrativos que requieren mucho tiempo.
     Como anécdota graciosa viene a su memoria que cuando corría el año 1966 y era muy joven, llegó el general Osiris Villegas, ministro del Interior en el gobierno de Guido. El Congreso se cerró pero se usaba el cuarto piso, que era donde se alojaba el general. “Cierta noche pidió al chofer y a mí que fuésemos a buscar el uniforme de gala a su domicilio particular. Una vez allí la empleada nos hizo entrega del uniforme y subí a la camioneta con el logo del Ejército, pero al cerrar la puerta quedó enganchada la botamanga del pantalón que traté de reparar, pero desafortunadamente", relató Sánchez Rubio. Dijo que quizás esa desprolijidad de su parte hizo que el general se enojara mucho. Lo sacaron del área y lo mandaron a trabajar a presidencia de la Nación con Onganía, Levingston y Lanusse hasta que volvió la democracia en 1972 y retornó al Senado. De todos modos seguía cobrando el sueldo del Senado, ya que el sector de personal seguía dentro del Palacio.
     Comentó también las notables diferencias con respecto al trato en las dos diferentes épocas: durante las dictaduras, "los sueldos se congelan a modo de castigo y el régimen hizo que muchos renunciaran al quedar muy rezagados”.
      Fue así que tuvo que buscar otro ingreso trabajando como visitador médico de un laboratorio. También pidió trabajar en la Obra Social del Congreso para no tener tanto contacto con los militares y el contacto frecuente con los médicos lo ayudó a ingresar a ese laboratorio.
     Quiso apartarse de los militares y algunos compañeros que estaban más vinculados a ellos por la soberbia y las amenazas que sufrió mientras trabajaba dentro de la Obra Social cuando algo no se realizaba de su agrado.

Los personajes del Senado

      De todos los gobiernos, la mejor época fue en la vicepresidencia de Carlos Perette: “Era un hombre que se ocupaba personalmente de todo lo necesario para el Congreso y el bienestar de sus equipos de trabajo, desde los uniformes hasta la parte económica. Si había sobrantes del presupuesto él mismo se encargaba de repartirlo entre el personal para que estuviera cómodo”.
     Destacó que el licenciado Boudou superó ampliamente la atención a todos los problemas internos. “Jamás, desde que él ingresó, tuvimos problemas con el gremio ni las paritarias. Dignificó al personal independientemente de su problema judicial, desempeñándose de la misma forma cuando estuvo en Anses y como ministro de Economía”, describió.
     Hizo la comparación con la época de Chacho Álvarez: recordó que en un momento le hizo averiguar sobre unas cotizaciones. El vicepresidente había notado que se estaban comprando a valores muy altos los insumos y era también alto el alquiler de las sillas para eventos. Relacionó la cotización del alquiler con la compra de las sillas por lo que se decidió la compra de las mismas. Resaltó que esos pequeños detalles "hacen a la persona", generando así un beneficio económico al Senado.
     Destacó la simpatía del senador Menem: “Es un señor muy campechano, su estilo es de saludar siempre de tal manera como si uno lo conociera de toda la vida. Va por la cocina y les da la mano a los cocineros, ordenanzas y mozos amigablemente, pero en su caminar ya se le notan los años y hay que ayudarlo. Es un hombre de perfil agradable”.

Aniversario

     Ahora ya se piensa en el festejo de sus 50 años en la función junto con unos pocos compañeros que también cumplen sus bodas de oro en el Senado de la Nación. En el día de su aniversario con el Senado de la Nación será nombrado por la Iglesia Misionero de la Paz 2015.




domingo, 1 de febrero de 2015

Guillermo Galvé: “El tango es denso y yo muy pasional”




Conoció a Troilo, a Goyeneche, entre otras figuras; y el género musical que eligió de por vida lo hizo recorrer el mundo. Galve está cumpliendo 40 años de trayectoria y en esta nota despliega anécdotas y reflexiones. Además, adelanta que está preparando un nuevo disco.  

 Por Ana Na
  La noche de Buenos Aires tiene cosas que nos identifican aquí y en el exterior. Los cines, los teatros, las calles, el Obelisco y por sobre todo la Avenida Corrientes donde nace el tradicional tango. Música nacional interpretada por muchos y algunos que ya no están. Pero todavía hay intérpretes que se destacan de la vieja guardia y hoy es el turno de sentar en el banquillo de los reporteados a Guillermo Galve, que tiene 40 años de trayectoria regalándonos tango con su voz pasional. Sus canciones le cantan al amor, a la vida, al barrio, adoquín y esquina, al farolito. También a las noches.
   La entrevista transcurrió en un clima muy familiar al que concurrió con su señora. Vestido de elegante sport, mantenía su espíritu gracioso de siempre haciendo bromas. Era su costumbre cuidar que su cabello no estuviera desordenado como así también dar atención a todos los detalles de su presencia. Previamente a las preguntas pidió pasar al baño: fue a peinarse y a mirarse en el espejo. Quiso ponerse más elegante para comenzar el cuestionario.
--Hola Guillermo, ¡después de tanto tiempo!
--Hola. “Hoy después de tanto tiempo…” (canta). Arrancamos con el tango-- dice, con voz grave.
--¿Cómo descubriste en vos la vocación del canto?
--
La respuesta no es fácil, parece simple pero no lo es. En mi familia nadie se dedicó al canto, sí mi vieja tocaba el piano. Después de cerrar la farmacia nos juntábamos a veces antes o después de comer y canturreábamos un poco con mi viejo. Tengo un hermano siete años mayor y a él sí le gustaba el tango, quizás lo imitaba a él. Yo cantaba, después llegó una edad en la que tomé conciencia de que tenía buena voz y entonación y ahí empecé a tomar clases. Pero en aquella época se escuchaba música melódica como el Trío Los Panchos, Rosamel Araya y otros en el estilo de boleros.
--Dijiste algo sobre una farmacia. ¿Qué actividad tenías anteriormente?
--
Dejé de estudiar porque era muy vago y reacio a tomar responsabilidades y trabajaba en la farmacia de mi papá haciendo y repartiendo pedidos, desde el sótano, con los cadetes. Atendía el mostrador y a los 13 aplicaba inyecciones intramusculares y ésa era mi actividad mientras cantaba. Hasta que tomé conciencia de que debía dedicarme a la música y buscarme un profesor.
--Decís que tuviste un maestro de canto. ¿Quién fue?
--El primero de mis maestros lo tuve a los 12 ó 13 años, atendía en Callao 11 donde estaban las salas de ensayo. Me lo recomendó Jorge Valdés, un cantor de tangos. Fuimos un grupo de cantantes y cantábamos en unas gradas en clases colectivas y todos eran mayores que yo. Luego fui evolucionando y cambiando. Mi maestro actual tiene 95 años y es Ricardo Catena.
--¿Por qué elegiste el tango?
--
Uno no elige… canta lo que se escucha, lo que está de moda, lo que se escuchaba en la radio como te dije antes Los Fernandos, Antonio Prieto y su famoso tema “La Novia”. Soy un tipo pasional, no podía cantar lo que cantaban mis amiguitos, que no tenía nada que ver con la historia que sucedía para mí. Las cosas nunca fueron livianas, siempre fueron densas. El tango es denso y tenía que ver con mi carácter.
--Característica del tango cantarle a la vida, al amor, a la esquina, a la calle Corrientes.
--¡Ah… la calle Corrientes! Sí. Parece que necesita una calle… un lugar donde ubicarse geográficamente.
--Ahora parece que el barrio de San Telmo es el punto de reunión.

--Verdad, pero tiene que ver más con el turismo que con los barrios coloniales.
--Estuviste con personalidades destacadas como el Sexteto Mayor, que no es poco,  y algunos más renombrados.
--¡Pero yo nunca me consideré una celebrity!
--¿Con quién más estuviste?
--Es muy difícil contarte en tan poco tiempo con quienes compartí, ya que en mis comienzos, por el año 1974, conocí al Polaco Goyeneche (y todavía no pisaba las tablas), ya que era amigo de su chofer, que lo llevaba y traía a todos lados. Este taxista era amigo del café donde parábamos nosotros, en Cabildo y Republiquetas. Un día me ofrece conocerlo al Polaco y yo estaba muerto por conocerlo. Había sacado el disco con Atilio Stampone y anteriormente otro cuando se había separado de Troilo, siendo ya solista. Lo conocí… íbamos al Caño 14 y allí conocí también a Troilo y me saqué fotos con el gordo. Es una cosa fantástica. En Michelángelo, donde yo era intérprete, presenté una vez al actor americano Charlton Heston, a pedido del director artístico. Hacía el cierre del espectáculo y sin otra posibilidad lo presenté oficiando de locutor, me senté y lo dejé hablar y él hablaba en inglés obviamente. Me quedé en un costado ya que el habló pocas palabras en castellano y tuve que traducir al público.
--¿Pensás que el tango tiene vigencia por el turismo extranjero?
--Tengo bien claro qué pasó con el tango desde la época que te referí, pero mi punto de vista no es la verdad absoluta ya que tengo mi forma de ver las cosas.
--Has llevado el tango al exterior a muchos países¿Por dónde estuviste?
--¡El tango me llevo a mí al exterior! (risas) Empecé a viajar cantando oficialmente en el año ’81. Bastante de cabotaje fui a Bolivia como cantor de Horacio Salgán, un prócer de los músicos, de los más modernos, y en el ‘82 me convocan de la única tanguería de París, adonde iban solamente los exigentes, inaugurada por el Sexteto Mayor, con actuaciones de una hora u hora y media. Allí fueron también Osvaldo Piro, Salgán, Susana Rinaldi, que fue una de las dueñas. Era un lugar muy particular que habían puesto un grupo de más de 25 artistas exiliados que vivía allá como Leopoldo Presas, Pérez Celis y otros que se juntaban a jugar a la pelota y un día dijeron “¿por qué no poner una tanguería?” La ubicaron en un lugar espectacular de París donde estaban todos los teatros, en Saint Denisse, muy de prostitutas.
--¿Tenés temas propios?
--Sí, pero no los interpreto. No me dediqué a ser autor, no tengo mucho talento para eso… (dice con pudor)
--¿Hacés algo para que tu música, nuestra música, perdure?
--En principio me enojo mucho cuando hacen cosas para que no perdure. Me enoja (enfatiza), pero por otro lado estoy dando clases y enseñando en un instituto donde hay un muchacho que canta muy bien y además es un gran maestro que tiene su instituto en Caseros, Hugo Araujo. Me convocó para algo especial ya que no practico ningún instrumento y lo que yo hago es la interpretación sobre el fraseo del tango, acentuación y algunas cosas del movimiento escénico que aprendí en China y otros países, con el Sexteto Mayor. Eso hace que uno aprenda en el escenario.
--¿Tenés alguna anécdota graciosa que te haya ocurrido durante una actuación?
--La verdad es que tengo un reflejo bárbaro y energía para salir de esos momentos de situaciones extremas. No sé por qué… tal vez la farmacia, el hecho de manejarme con el público. Pero de ahora no recuerdo muchas cosas graciosas. Lo que te puedo decir es que tengo dominio. Cuando trabajábamos con el Sexteto Mayor que no era un sexteto en sí sino un octeto, había dos músicos más y siete parejas de baile, un equipo muy importante. De hecho, cuando debuté en el Empire Theatre en Picadilly Circus de Londres, que es el lugar donde están todos los espectáculos como si dijera aquí en otros tiempos los cines de la calle Lavalle: allí competíamos con Rents, Los Miserables, Mamma Mia y nosotros formábamos parte con nuestro equipo de Tango Pasión.
--¿Qué pasa cuando estás en países de otra lengua y cantás en español? ¿Cómo llegás al público?
--Depende del público.
--¿El público está compuesto por argentinos que viven en el exterior?
--No… es que el circuito musical que hay en Londres es como el de París. Como esto es un espectáculo musical basado en la danza y la música, la orquesta y los bailarines, el canto forma parte del espectáculo como cuando viene algún artista aquí y canta en otro idioma. La gente va a ver un espectáculo. Lo hizo Gardel en los años ’30: fue a Barcelona, Madrid o París y allí se transformó en una figura internacional. En ese momento yo era un cantor como si ahora vas al Café de los Angelitos o al Viejo Almacén y la gente no va a ver un cantante, va a ver un espectáculo de tango. Debido a eso vos podés cantar las notas y ser un cantante de orquesta como muchos pero yo no me permito eso ya que tengo demasiada personalidad y soy muy pasional. Tengo demasiado orgullo además de amar mucho mi profesión. Por eso mucha gente me tilda de demasiado enfático e histriónico, porque marco mucho las intenciones y la historia, para no hacer una barrera con el idioma, con la cara, con los ademanes, con mi cuerpo, mi voz… con la “Última Curda” me emborracho y le pongo el sentimiento y la parte actoral. Por esa razón elegí el tango, soy apasionado y no puedo dejar que las letras pasen por al lado y lo demuestro. Por eso siento que no soy un cantor más y siempre me la jugué. Exageré tal vez un poco en Europa gesticulando la interpretación para que la gente se diera cuenta y el idioma no sea una barrera, entonces con mis gestos, con mi postura, con el manejo de mi cuerpo y mi trabajo actoral, aunque no lo soy, así conseguía lo que los músicos al ejecutar sus instrumentos.
--Porque en los tangos de la vieja época hay mucho lunfardo también
--Sí, pero no importa. Si vos interpretas y decís “mina”, depende de cómo lo digas van a entender en todos lados. (Canta nuevamente) “Mina que fue en otros tiempos”. El que te quiere entender te va a entender porque después vienen otras frases. De todos modos uno va a cantar aquellos temas conocidos y no pude estrenar temas en Europa. Si aquí con temas nuevos no me dan “bola”… imaginate. Grabé en el ‘79 un disco que de diez temas nueve eran nuevos y todos me decían que era un kamikaze  y no me dieron ni medio de bola... Cantor nuevo, con temas nuevos: no te van a dar pelota.
--¿Dónde y cuándo debutaste en el escenario cantando profesionalmente?
--Debuté con orquesta y público en Mar del Plata a los 14 años, en el Hotel Riviera. Creo que ahora es de un sindicato. Fue con una orquesta de allá, porque estaba viviendo ahí, ya que mi viejo compro el Hotel Los Troncos y nosotros nos fuimos a vivir allí. Entonces para entretenerme me ofrecieron ir a cantar. Probé, canté tuve la oportunidad y así empecé a cantar y fue mi debut.
--¿Y después participaste de algún concurso?
--No. Nunca quise hacerlo.  Porque una vez cuando era chico cuando volvía de un camarín estaban vendiendo los votos.




--¿Tenés hijos?
--Sí, dos varoncitos. A los dos les gusta mucho la música, son muy musicales. Hay uno que tiene un oído tísico, que es Sebastián, pero no canta. El otro Christian, el mayor, ahora tiene 43 años. El cantó, era un fanático del Sandro cantautor, le gusta componer y tiene unas canciones muy lindas. Se fue a vivir a Los Ángeles para grabar un disco allá. No se le dio pero sigue viviendo allá. Se casó, tengo dos nietas de su matrimonio. Ahora conoció a alguien por parte de la mujer que está en la producción de películas de Hollywood y ya le dieron dos temas para películas mexicanas, que se estrenan allá. A lo mejor comienza a esta edad y sigue cantando y componiendo bien. Aprendió a grabar con la computadora. Canta pop, música que aquí sería de la década de los ‘70 y ‘80.
--¿Creés que el tango en la Argentina se está perdiendo?
--Se está perdiendo un cantor como yo… ¡no me dan bola!
--¿Sos de los que quedan de la época de la flor del tango?
--Sí, tuve la suerte como mis compañeros de compartir con esos monstruos del tango, cantores grandes que trabajaban con nosotros en el programa Grandes valores del tango conducido por Silvio Soldán. Éramos jóvenes mezclados con los que ya habían hecho su carrera, como Alberto Marino, Jorge Sobral, Edmundo Rivero, Goyeneche, Mario Bustos, Jorge Valdez, Floreal Ruiz. En aquél momento, el programa se llamaba Grandes valores de hoy y de siempre. Estábamos todos y yo tuve la suerte de compartir ese escenario con tipos que habían sido mis referentes.
--Contame una anécdota graciosa.
--Resulta que en el teatro se estila que en el cierre de las temporadas se hacen jodas. Jodas pesadas, como clavarles los decorados para que no puedan salir del escenario, serruchar sillas… se hacen ese tipo de cosas y hay que salir de eso. En una temporada terminaba cantando “Balada para un loco” y una de las bailarinas que hacía de mi pareja en ese momento estaba sentada en una silla con su cabeza entre sus brazos y yo venía de la otra punta con un smoking, una chalina y un sombrero y hacía de loco y me acercaba a ella. Era todo penumbras, y le daba una luz y ella levantaba la cara y me miraba. Entonces la miro, tenía un diente pintado de negro, cosas puestas en los ojos, era un desastre, como para que cuando la mire me mate de risas y los bailarines esperaban que yo no pudiera seguir cantando y yo le dije “hola como estas?” y no me pasó nada es como que venía preparado para todo… una frustración para ellos terrible, porque habían preparado una joda distinta ¿viste? Los bailarines aparecían por otro lado y hacían jodas entre ellos, entraban por un lado y salían por el otro… en fin… eso… y otras que son difíciles de contar, que hemos tenido con El Polaco, con Jorge Marino, detrás de camarines, con Valdez, con Alfredo Beluzzi. Hemos compartido temporadas. La verdad es que son 40 años de los cuales casi 30 estuve con esas figuras. Cabe destacar que yo soy muy de joder, no con bromas pesadas pero bromear, y casi siempre estoy de muy buen humor cuando voy a trabajar porque me gusta lo que hago.
--¿Qué se siente?
--(Interrumpe  cantando) “Dime amor lo que se siente”.
--Continúo mi pregunta: ¿Qué se siente después de 40 años de trayectoria con éxito?
--(Risas) Bueno… No sé si con éxito. Lo que se siente es que uno deja de pelearse con las cosas sobre todo en este laburo tan competitivo que si uno llega parece que el otro no… el cantor de tango es un poco un solitario, un lobo estepario. Entonces lo que siento cuando puedo reflexionar, al estar tranquilo, ya que no tengo tanto laburo como antes, ni tanta repercusión como antes ya que estuve casi ocho o diez años fuera del circuito… la gente un poco se olvida… no hay difusión del tango porque realmente no la hay, ni radios como había antes. En los ‘80 y ‘80 y pico era toda la mañana de AM y era todo tango. Larrea, Silvio Soldán, Carrizo… todos estaban a la mañana con nuestra música. Incluso cuando estuve en París, Fernando Bravo me hizo una nota desde aquí en Radio Rivadavia en un programa de la tarde y eso que él no es tanguero y sin embargo me llamó al Tortois para hacerme una nota. En ese momento esa radio era la número uno y no había con qué darle.
--Entonces, ¿pensás que hay que hacer mucha publicidad para hacer una convocatoria a un recital?
--Hay que invertir mucho. Morir no se va a morir el tango, olvídense, los que piensan que va a morir antes morirán ellos. Tiene subidas y bajadas. Como los países.
--Me daría mucha tristeza que muera el tango. Es la música que nos representa en el mundo.
--El tango nunca muere, decía un periodista, el tango tiene mareas bajas y ésta quizás lo sea. Hay que poner mucha publicidad en afiches, en los medios, y que te repitan y repitan hasta que la gente va.
--¿Te gusta Cacho Castaña?
--No (dice con seguridad).
--¿Interpretas algo de él?
--¡No! No está en mi repertorio para nada.
--¿Qué haces en tus tiempos libres?
--Leo, miro televisión, escucho radio.
--¿Qué tipo de lectura te gusta?
--En general me gusta mucho la lectura, desde chico; lo que más me atrapó en un momento de mi vida fue la filosofía. En mis giras llevaba un libro que era Introducción a la filosofía, para estudiantes, de Carpio. Lo leía y releía permanentemente cuando me quedaba en el camarín una hora y pico esperando que me tocara cantar y me sacaba las mufas. Realmente me distraía y me ayudó mucho en la agilidad del pensamiento.
--Hay una pregunta que no me respondiste: ¿qué se siente haber cumplido los 40 años de trayectoria?
--Se siente una satisfacción muy grande. Que después de 40 años de hacer lo mismo, de alguna manera, algunos como vos quieran hacerme una nota. Pareciera que no fue todo al pedo, todo esto que recorrí en estos 40 años. Parece que tan mal no lo hice, todavía es una satisfacción que se acuerden de mí, porque a veces después de tantos años es difícil que la gente te reclame o te recuerde. Tenés que haber hecho las cosas bien. El festejo de estos 40 años se le ocurrió a mi maestro Marcelo Araujo que a su vez me respeta y me quiere mucho. Elegimos el 31 de octubre como fecha caprichosa, en el medio vamos a hacer voy a hacer todo lo que pueda… muchos reportajes… voy a grabar un disco o dos ya que hace 20 años que no grabo. Ahora voy a grabar uno con guitarra para llevármelo a Los Ángeles y allí me iré el 3 de febrero que estarán mis hijos. Además nacerá una nieta más y actuaré en un teatro muy importante que se llama Celebrity Gold de Hollywood el 21 de febrero.
--Sé que no se dice éxitos, pero los mejores augurios te deseo.
--Yo acepto la palabra “éxito”, no hace falta que sea todo mierda… (risas). Sé que me va a ir bien porque no es un lugar nuevo, ya estuve en el ‘83.
--Y te espera el advenimiento de un integrante más en la familia, una hermosa nena seguro.
--Sí, Sara. Y este disco lo voy a hacer rapidito. Lo estoy ensayando, es la primera vez que voy a grabar un disco con guitarra solamente, en lugar de “Guillermo canta” va a ser “Guillermo cuenta” una cosa muy íntima. Y no te lo vas a perder.